Un buen número de individuos débiles en lo mental (independientemente de su constitución en lo físico, sus características anatómicas), impotentes en lo vital, me han agredido, también movidos por la envidia. En ciertos casos, esa violencia tiene una explicación (si bien, no una justificación), pues se trató de personas que fueron víctimas de la injusticia y la desigualdad social, vivieron en pobreza. En muchos casos, no fue así; se trató de individuos que, si bien no provenían de familias pudientes, contaron con circunstancias favorables en lo económico y pese a ello, decidieron no esforzarse para desarrollar sus potencialidades y así llegar a respetarse y a amarse a sí mismos. Esforzarse, no nada más en lo que resulta fácil, sino también en lo que resulta difícil y muy difícil permite al ser humano superar el sentimiento de insignificancia en un mundo gigantesco, cuya complejidad es de tamaño descomunal. Desde mi más temprana infancia me sentí muy motivado para aprend...
Mi padre, un narcisista maligno; David, megalómano cuya patología mental (narcisista, muy grave) tenía su origen en su debilidad física y todavía más en su debilidad mental; médicos psiquiatras, tres, el más terrible el último, de nombre Flavio; son ellos los antagonistas que me atacaron perpetrando una violencia que pudo haberme costado la vida. No exagero al afirmar que lo que hicieron equivale a intento de homicidio. Otros individuos manifestaron hostilidad, agresividad, mediante agresiones de todo tipo, pero la mayor parte del tiempo, manifestaban esa violencia de manera cobarde. Ataques de furia nivel histeria, que manifestaban verbalmente, por algo que yo en algún momento hice mal, pero tendría poca o nula consecuencia. Muy frecuentemente, me ridiculizaban, movían la cabeza y soltaban la carcajada, señalándome; algo que coloquialmente se conoce como “arrojar la piedra y esconder la mano”, actos verdaderamente cobardes y que, sin embargo, muy pocas personas son capaces de ...