Desde mi más temprana infancia, mi padre me acusó de haber sido la causa de su sufrimiento por la violencia de la que él fue víctima, algo que sucedió décadas antes de que yo naciera. Siendo todavía un niño, mi padre me hizo responsable de todo lo que estaba mal en el mundo, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Manipuló a muchísimas personas durante no menos de 35 años, haciéndoles creer que yo era la causa de su adicción al alcohol y de sus comportamientos terribles. Su éxito al hacer tal cosa, manipular a un número indeterminado de débiles mentales, fue contundente. Atticus Finch defendió a Tom Robinson, a mí nadie me defendió. No fui condenado a muerte, por supuesto, pero sí viví señalado, estigmatizado y en el oprobio. Desde mi infancia comencé a esforzarme para afrontar mi problemática, viviendo en desatención por parte de mi madre y objeto de la violencia que mi padre perpetraba con una furia de intensidad homicida. Como si eso no fuera suficiente, enfrenté...
Antier, sábado 18 de julio bajé de una red social cinco capítulos más (antes había bajado los primeros siete capítulos) del audiolibro de To Kill a Mockingbird, obra maestra de la literatura estadounidense, de la autoría de Harper Lee, en el idioma original, inglés. La portada de la copia que tengo de ese libro, To Kill a Mockingbird, Harper Lee, presenta la imagen de una niña de rostro bellísimo. ¿Por qué sentí que debía volver a leer esa obra? Atticus Finch, padre de Jem y Scout, es un hombre excepcional, la clase de progenitor que millones de personas hubieran querido tener. Contrasta con el padre que yo tuve, ultra depravado, que con participación de muchísimas personas casi consiguió arruinar mi vida. Arthur Radley es un enfermo mental, vive en un aislamiento casi total y sin trabajar. Así viví yo durante muchos años; de hecho, la mayor parte de mi vida. Tom Robinson es un hombre excelente. Hizo algo ejemplar, ayudar a una mujer que vivía en la miseria, huérfana de m...