Rusia y China
comparten una frontera de 4,200 km, la más larga entre dos grandes potencias.
He aquí lo que
Occidente ha creado accidentalmente:
Rusia tiene:
petróleo, gas, granos, minerales, tierras raras, tecnología nuclear, material
militar, tecnología espacial.
China tiene:
fabricación, electrónica de consumo, maquinaria, infraestructura, baterías,
textiles, prácticamente todo lo demás.
China hace todo lo
que Rusia necesita; Rusia tiene todo lo que China necesita. Y transportan eso
por tierra, sin rutas navales que puedan ser bloqueadas, sin sanciones que
funcionen; solamente trenes y ductos cilíndricos.
Occidente pasó 70
años intentando mantener separadas a estas dos potencias; después las obligó a
unirse en menos de tres años.
Potencia de
Siberia 2: 50 mil millones de metros cúbicos de gas enviados anualmente a
China, sin intermediarios occidentales.
Comercio en rublos
y yuanes, sin dólares; no es posible sancionar algo que está fuera de tu
alcance porque no eres parte de ello.
Rusia vende
energía, trigo, minerales y armas a China; China vende teléfonos, automóviles,
maquinaria e infraestructura a China. Se completa el ciclo, resulta
autosuficiente.
Durante décadas,
la política occidental pretendió mantener compitiendo a Rusia y China, no
cooperando entre sí; la intención era hacer que compitieran buscando
influencia.
Las sanciones
lograron lo contrario, una integración económica total.
Ahora pensemos en
lo que se ha convertido:
Dos potencias
nucleares, la suma de sus poblaciones es 1,500 millones de habitantes. Una
tiene los recursos, la otra cuenta con toda la fabricación, manufactura;
comparten una frontera terrestre y operan fuera de los sistemas financieros
occidentales.
El mundo jamás
presenció algo así en el pasado. Dos naciones tienen todo lo que aquello que la
otra necesita, no dependen de Occidente, no son vulnerables a sanciones,
disponen de un comercio directo entre la frontera compartida más grande del
planeta.
Occidente edificó
esta asociación cuando intentó destruir a Rusia. Esa es la parte de la que
nadie habla.





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