Las ideas de reubicación de los judíos a la Tierra de Israel fueron introducidas al discurso público británico a principios del s. XIX, simultáneamente con la Redención Protestante Británica.
No todas las actitudes
favorecían a los judíos, concebidas en parte por una variedad de creencias
protestantes, o por un rasgo pro-semita entre la élite británica de educación
clásica; o por anhelos de extender el imperio (ver El Gran Juego).
Por insistencia de Lord
Shaftesbury, el Reino Unido estableció un consulado en Jerusalén en 1838, el
primer nombramiento diplomático en la ciudad. En 1939, la Iglesia de Escocia
envió a Andrew Bonar y Robert Murray M’Cheyne a elaborar un informe sobre la
condición de los judíos en el lugar. El informe fue publicado ampliamente,
seguido de un Memorándum de Monarcas Protestantes de Europa para la reubicación
de los judíos en Palestina. En agosto de 1840, The Times informó que el
gobierno británico analizaba la restauración judía. La correspondencia en
1841-42 entre Moses Montefiore, el Presidente de la Junta de Diputados de los
Judíos Británicos y Charles Henry Churchill, el cónsul británico en Damasco, es
considerada el primer registro sobre el plan propuesto para el sionismo
político.
Lord Linsday escribió en
1847: “El suelo de Palestina disfruta todavía sus sabbats, y solamente espera
el regreso de sus hijos exiliados, y la realización de su trabajo industrial —proporcional
a sus capacidades agrícolas—, para el surgimiento de una exuberancia universal,
y sea todo lo que fue en los días de Salomón”.
En 1851, la
correspondencia entre Lord Stanley, cuyo padre se convertiría en Primer
Ministro Británico al año siguiente, y Benjamín Disraeli, que con él se
convirtió en Canciller del Erario, registró las actitudes protosionistas de
Disraeli: “Procedió a presentar un plan para restaurar la nación a Palestina
—afirmó que el país se encontraba admirablemente apto para ellos— los
financiadores en toda Europa podrían ayudar, el Gobierno Otomano es débil, los
turcos/poseedores de propiedades podrían ser comprados; esto, dijo él, era el
propósito de su vida…” “Coningsby (La Nueva Generación) era nada más un sondeo,
mis puntos de vista no se habían desarrollado en su totalidad en la época;
desde entonces todo lo que he escrito ha sido para servir un propósito. El
hombre que debe restaurar a la raza hebrea en su país debería ser el Mesías, ¡el
verdadero salvador de la profecía!” No agregó formalmente que él aspiraba jugar
esa parte, pero su involucramiento resultaba evidente. Consideraba que los
potenciales del territorio eran de muy alto nivel, y sugería que su objetivo
más importante al adquirir poder en el lugar sería promover el regreso.
Veintiséis años más tarde, Disraeli escribió en su artículo titulado “La
Cuestión Judía es la Búsqueda Oriental” (1877) que, al cabo de 50 años, una
nación de un millón de judíos habitaría Palestina bajo liderazgo británico.
Moses Montefiore, que
visitó muchos países para ayudar a aliviar la opresión de sus poblaciones
locales de judíos, visitó Palestina en siete ocasiones. Buscó desarrollar una autosuficiencia
de la comunidad judía, de modo que no dependiera del apoyo de la diáspora.
Mediante estos esfuerzos, ayudó a establecer asentamientos fuera de la Vieja
Jerusalén, donde residía la mayor parte de la comunidad judía.
En 1842, Joseph Smith,
fundador del movimiento de los Santos de los Últimos Días, envió a un
representante, Orson Hyde, para que se dedicara a la tarea de conseguir que la
tierra de Israel fuera devuelta a los judíos. El teólogo protestante William
Eugene Blackstone presentó una petición al presidente de los Estados Unidos en
1891; el Monumento conmemorativo de Blackstone, que solicitaba que Palestina
fuera entregada a los judíos.

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