Jesse Owens llegó a unos Juegos
Olímpicos de Berlín que el mundo observaba, pero su mayor rival no se hallaba
en la pista. La Alemania Nazi había convertido los Juegos Olímpicos en un
escaparate para la ideología de Hitler, que proclamaba la superioridad de la
raza aria. Owens respondió a esa propaganda ganando cuatro medallas de oro.
Nacido James Cleveland
Owens en 1913 en Alabama, se mudó con su familia a Cleveland como parte de la Gran
Migración Afroestadounidense. Sus capacidades atléticas se hicieron evidentes
durante su paso por la escuela secundaria superior, y en la Universidad Estatal
de Ohio ascendió al siguiente nivel. En 1935, en los Big Ten Championships en Ann
Arbor, Owens rompió tres récords mundiales y empató otro durante un periodo
de tiempo de apenas 45 minutos, proeza todavía considerada una de las más
importantes en la historia del atletismo.
Una versión popular dice
que Hitler se rehusó a estrechar la mano de Owens, pero la realidad es más
compleja. Hitler había dejado de felicitar de manera personal a cada ganador de
medalla individual después de que oficiales olímpicos le dijeron que debía
felicitar a todos los vencedores, o a ninguno. Owens recordó más tarde que el
tratamiento que recibió en casa resultó también profundamente desalentador. El
presidente Franklin D. Roosevelt no lo invitó a la Casa Blanca después de sus
victorias.
Owens regresó a una
nación segregada en la que haber ganado cuatro medallas de oro en Juegos
Olímpicos no lo liberaba del racismo ni de la discriminación. Sus logros
exhibieron una dolorosa contradicción: Estados Unidos celebraba sus victorias
en el extranjero, mientras estadounidenses negros seguían luchando por la
igualdad básica en casa.



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