Nikki Giovanni
pasó más de cinco décadas escribiendo sobre la vida de la gente de raza negra
con una voz que simultáneamente pudo ser tanto política como íntima, humorosa y
profundamente personal. Al surgir durante el Movimiento de las Artes Negras
durante la tardía década de los años 1960s, Giovanni perteneció a una
generación de escritores que insistió en que la gente de color no necesitaba
medir su cultura comparándola con los estándares de alguien más para comprender
su valor. Su poesía y ensayos exploraban raza, familia, amor, resistencia,
memoria y las experiencias cotidianas que dan forma a la identidad. En el centro
de gran parte de su trabajo se hallaba una idea sencilla pero poderosa: la
cultura negra no era algo que necesitara ser justificado; merecía ser entendida
en sus propios términos.
Su prosa sobre
estilo se dirige directamente a esa idea. Cuando Giovanni describe cómo se hace
un pie con duraznos considerados inservibles, frazadas con tela desechada,
ritmo con manos que aplauden y formas de caminar que conllevan distinción
cuando otras oportunidades han sido negadas, describe la creatividad que ha
surgido de las restricciones. Cuatro generaciones de negros estadounidenses
crearon tradiciones culturales extraordinarias mientras vivían en sistemas que
restringían dónde podían vivir, trabajar, estudiar, viajar y su participación
en la vida pública. No obstante, la exclusión no impidió que se manifestara la
creación cultural. Espirituales, góspel, blues, jazz, soul, hip-hop,
tradiciones de tejido, hábitos alimentarios, baile, moda e incontables formas
de expresión más surgieron de comunidades que continuamente transformaron en
algo significativo lo que tenían disponible y frecuentemente su influencia se
extendía más allá de esas comunidades.
Esa historia es
importante porque la creatividad negra es celebrada en ocasiones sin reconocer
las circunstancias en las que se desarrolló gran parte de la misma. El jazz
puede ser disfrutado sin analizar la segregación. Soul food puede ser consumida sin entender cómo los cocineros
negros adaptaron ingredientes disponibles para ellos a lo largo de
generaciones. Los estilos de música negra, bailes, cortes de pelo y expresiones
pueden convertirse en tendencias dominantes mientras las personas y las
comunidades que las desarrollaron reciben mucho menos reconocimiento. La
profundidad del punto de Giovanni va más allá de simplemente decir que la gente
negra es creativa. Ella nos pide que reconozcamos la relación entre
creatividad, supervivencia y la determinación para mantener un sentido de
identidad en una sociedad que repetidamente intentó definir a la gente de color
desde el exterior.
Pero hay también algo importante en lo que se refiere
a evitar romantizar la adversidad. Los estadounidenses de color no necesitaron
la opresión para manifestar su creatividad, y el sufrimiento jamás debe ser
designado el origen del valor negro. Lo que demuestra la historia en lugar de
eso es que incluso cuando las oportunidades fueron restringidas con toda
intención, las personas continuaron creando belleza, comunidad y cultura.
Giovanni entendió que la confianza proviene en parte de conocer esta historia.
Cuando la gente entiende que generaciones previas crearon, perseveraron y
sobrevivieron, adquiere una comprensión más profunda de quiénes son y de las
contribuciones que su cultura ha aportado al mundo. Ese podría ser el mensaje
más duradero en sus palabras: las circunstancias pueden limitar lo que la gente
recibe, pero no determinan lo que las personas son capaces de crear.


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