Third World
Traveler, Seven Stories Press
Libro 11 de septiembre, de Noam Chomsky
Página 67
Un ejército apoyado por Estados Unidos tomó el control en Indonesia en 1965, organizando la matanza de cientos de miles de personas, en su mayoría campesinos sin tierras, en una masacre que la CIA comparó con los crímenes de Hitler, Stalin y Mao. Este baño de sangre, documentado de manera precisa, suscitó una euforia sin control en Occidente, en los medios de comunicación nacionales y en todas partes. Los campesinos indonesios no nos habían hecho ningún daño. Cuando Nicaragua sucumbió finalmente ante el ataque estadounidense, la prensa dominante elogió el éxito de los métodos adoptados para “arruinar la economía y continuar una guerra prolongada y letal hasta que los mismos nativos, exhaustos derrocaran al gobierno indeseable”, con un costo que para nosotros es “mínimo”, dejando a las víctimas “con puentes inservibles, estaciones de energía saboteadas y granjas arruinadas”, lo cual proveía al candidato estadounidense con “un tema ganador”, que terminaría en “el empobrecimiento de la población de Nicaragua” (Time). “La Alegría nos Une” en este resultado, proclamó el New York Times.
Página
69
No
debemos subestimar la capacidad de los sistemas de propaganda hábilmente
manejados para conseguir que las personas adopten comportamientos irracionales,
homicidas y suicidas. Pongamos un ejemplo… La Primera Guerra Mundial… en ambos
bandos, marcharon los soldados hacia una carnicería mutua, con enorme exuberancia,
fortificados por las aclamaciones de los grupos de intelectuales y por quienes
les ayudaron a movilizarse a través del espectro político, desde la izquierda y
hacia la derecha, incluyendo la fuerza política de izquierda más poderosa en el
mundo, en Alemania. Hubo tan pocas excepciones que podemos nombrarlas, y
algunas de las más destacadas acabaron en prisión por cuestionar la nobleza de
la empresa: entre ellos Rosa Luxemburgo, Bertrand Rusell, y Eugene Debs. Con la
ayuda de las agencias de propaganda de (Woodrow) Wilson y del apoyo entusiasta
de intelectuales liberales, un país pacifista fue convertido en unos pocos
meses en una población que presa de histeria delirante, lista para vengarse de
quienes habían perpetrado crímenes salvajes, muchos de ellos invención del
Ministerio de Información Británico. Pero eso, de ninguna manera resulta
inevitable, y no debemos subestimar los efectos civilizatorios de las luchas
populares en años recientes. No es necesario que con resolución nos dirijamos hacia
una catástrofe, simplemente porque esas son las órdenes de marcha.





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