La administración
Trump ha ideado un Nuevo objetivo en su prolongada guerra contra Cuba: los
médicos de la isla. Como lo informa el Wall Street Journal, Washington se
enfoca ahora en destruir las misiones médicas de Cuba en ultramar —una de sus
últimas fuentes de ingreso en dólares— habiendo ya bloqueado su abasto de
combustible, sancionado a sus oficiales y sofocado sus remesas. Marco Rubio ha
viajado por el Caribe, amenazando con prohibir la entrega de visas a todo
oficial que continúe dando empleo a médicos cubanos, denunciando el programa —calificándolo
extrañamente— como “trabajos forzados” y “brigadas de tráfico humano
financiadas por el estado”.
Desde
1963 —la primera misión se dirigió a Argelia, recién independizada— Cuba ha
enviado lo que Fidel llamó un “ejército de abrigos blancos” para sanar a los
pobres del mundo. Unos 24,000 trabajadores de la salud cubanos prestan sus
servicios en la actualidad en más de 50 países, de muy pequeñas islas caribeñas
hasta villas rurales del sur de Italia. Ellos integran el personal en las
clínicas que ningún otro personal médico está dispuesto a trabajar.
En
Honduras, los residentes dieron una ovación a los médicos cubanos una ovación
con lágrimas en los ojos, cuando se retiraban. El primer ministro de Jamaica,
de pie junto a Rubio, le espetó en la cara: los médicos cubanos “nos han
prestado una increíble ayuda”. La líder de Santa Lucía dijo de manera clara que
“básicamente, nuestro sistema médico se colapsaría sin ellos”. Y cuando Estados
Unidos recurrió a San Vicente y las Granadinas, el Primer Ministro Ralph Gonsalves
respondió con firmeza: “elegiré perder mi visa a que mueran 60 personas
trabajadoras y en pobreza”.
Esta
es la decisión que Estados Unidos está obligando a tomar en la región:
deshacerse de los médicos cubanos, o ser sancionados. El país más rico del
mundo preferiría que los pobres del Sur Global padezcan ceguera y mueran, a
tolerar la solidaridad cubana.
¿Por
qué? Porque esas misiones no son nada más la mayor exportación de Cuba —alrededor
de 5,200 millones de dólares en 2024, la mitad de sus ingresos provenientes del
extranjero— sino la prueba más contundente de que un pequeño país socialista
puede ofrecer humanidad. Ese es el objetivo real. No “tráfico”, sino la amenaza
que representa algo ejemplar: una isla bloqueada de 11 millones de habitantes
que envía médicos a donde el imperio envía buques cañoneros.
Hacer
la guerra a Cuba equivale a admitir que no se tiene nada que ofrecer al mundo. La
solidaridad con Cuba nunca fue más urgente. ¡Venceremos!



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