Lo que el rey
Leopoldo, uno de los peores monstruos genocidas hizo al Congo:
Durante
su reinado, Leopoldo declaró al Congo su posesión colonial personal y procedió
a cometer un horrible genocidio contra la población congoleña.
De
ocho a diez millones de congoleños murieron durante su “administración personal”,
usando la violencia como un mecanismo para organizar la producción. Mediante el
uso de mercenarios, prisiones, inanición forzada y ejecuciones, Leopoldo II
convirtió al Congo en un campo de concentración, usando a los congoleños como el
trabajo físico para extraer un enorme lucro cuyo origen eran las cuotas de
caucho que fueron impuestas a la población.
Este
lucro fue usado para construir grandiosos edificios y monumentos, mientras los
congoleños eran exterminados sistemáticamente mediante trabajos forzados,
ejecuciones masivas y hambruna.
Mientras
la metrópoli del imperio belga florecía, el Congo se convertía en una máquina
de extracción. Los trabajadores que no cumplían con las cuotas eran mutilados,
se les cercenaban las manos; entre estos trabajadores hubo niños.
Las
aldeas eran castigadas de manera colectiva. Se mantenía a las mujeres como
rehenes hasta que los hombres entregaban el caucho. Fallar daba lugar a
mutilación, latigazos o ejecución. El terror constituía la estructura de
incentivo, el dolor sustituía a los salarios.
La
población congoleña jamás vio el lucro, solamente la opresión que se usaba como
trabajo de esclavos. Bélgica no ha ofrecido todavía una disculpa formal al
pueblo congoleño por las atrocidades genocidas cometidas en su contra.
La
razón es que hacer tal cosa implicaría reconocer una verdad fundamental; que el
capitalismo europeo no nació de la “innovación”, del “libre comercio”, o de “valores
liberales”, sino de la destrucción bárbara de las naciones del sur global y del
saqueo de sus recursos persiguiendo el lucro.
Lumumba
fue asesinado por atreverse a buscar una verdadera independencia y libertad del
sádico dominio neocolonial que Bélgica y los Estados Unidos habían planeado
para el Congo, después de que la sangre de millones de congoleños había sido
derramada para beneficiar a Bélgica.






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