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Traducción de un tweet de Afshin Rattansi @afshinrattansi

 

Lo que el rey Leopoldo, uno de los peores monstruos genocidas hizo al Congo:

Durante su reinado, Leopoldo declaró al Congo su posesión colonial personal y procedió a cometer un horrible genocidio contra la población congoleña.

De ocho a diez millones de congoleños murieron durante su “administración personal”, usando la violencia como un mecanismo para organizar la producción. Mediante el uso de mercenarios, prisiones, inanición forzada y ejecuciones, Leopoldo II convirtió al Congo en un campo de concentración, usando a los congoleños como el trabajo físico para extraer un enorme lucro cuyo origen eran las cuotas de caucho que fueron impuestas a la población.

Este lucro fue usado para construir grandiosos edificios y monumentos, mientras los congoleños eran exterminados sistemáticamente mediante trabajos forzados, ejecuciones masivas y hambruna.

Mientras la metrópoli del imperio belga florecía, el Congo se convertía en una máquina de extracción. Los trabajadores que no cumplían con las cuotas eran mutilados, se les cercenaban las manos; entre estos trabajadores hubo niños.


Las aldeas eran castigadas de manera colectiva. Se mantenía a las mujeres como rehenes hasta que los hombres entregaban el caucho. Fallar daba lugar a mutilación, latigazos o ejecución. El terror constituía la estructura de incentivo, el dolor sustituía a los salarios.

La población congoleña jamás vio el lucro, solamente la opresión que se usaba como trabajo de esclavos. Bélgica no ha ofrecido todavía una disculpa formal al pueblo congoleño por las atrocidades genocidas cometidas en su contra.

La razón es que hacer tal cosa implicaría reconocer una verdad fundamental; que el capitalismo europeo no nació de la “innovación”, del “libre comercio”, o de “valores liberales”, sino de la destrucción bárbara de las naciones del sur global y del saqueo de sus recursos persiguiendo el lucro.

Lumumba fue asesinado por atreverse a buscar una verdadera independencia y libertad del sádico dominio neocolonial que Bélgica y los Estados Unidos habían planeado para el Congo, después de que la sangre de millones de congoleños había sido derramada para beneficiar a Bélgica.


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