Leía en la sala el capítulo 10 de To Kill a Mockingbird, de Harper Lee (que ya había leído, unos días
antes), para escucharlo más tarde del audio-libro, que ha ido bajando poco a
poco de una red social. La intención es compenetrarme con el idioma inglés,
porque durante los últimos años, después de haber perdido un empleo por negarme
a aceptar la impunidad que se obsequió a un agresor que me acosó laboralmente
durante más de cuatro años, he padecido un estrés postraumático que a todas
luces me ha dañado en lo mental/cognitivo.
Durante los últimos tres o cuatro días, he evitado
usar la TV (Smart), excepto como monitor para activar archivos mp3 en memorias
USB conectadas a un DVD cuyo cable de video está conectado a la Smart TV, y el
cable de audio está conectado a una barra de sonido. A ratos uso YouTube, para
ver informativos no comerciales (después de las 21 o las 22 h) y limito mucho
el uso de esa red social. Es poco lo que vale la pena ver, la publicidad es
extremadamente desagradable, y he llegado a creer que un exceso de estímulos
visuales ha afectado seriamente mi salud mental.
He leído antes esta novela, una obra maestra de la
literatura estadounidense, y hacer tal cosa ha sido una delicia. Esta vez ha
sido diferente, porque siguen brotando en mi mente recuerdos de personas que me
hicieron mucho daño, como mi padre, el megalómano de nombre David, médicos
psiquiatras y otras personas que trabajan en salud mental (como psicólogos,
profesión en que predomina el sexo femenino, es decir, psicólogas), y muchos
individuos que en las diferentes épocas de mi historia de vida, me agredieron
de diferentes maneras sin que yo les diera el menor motivo; hicieron tal cosa
simple y sencillamente porque yo estaba presente.
¿Cómo explicar eso? Resulta un tanto difícil, porque
se presta a que se malinterprete mi respuesta: envidia.
Argumentar eso, que muchas personas me han agredido
movidos por envidia, podría parecer un síntoma de narcisismo patológico, y no es
el caso. Si bien es cierto que cuento con características poco comunes, el
problema de fondo es muchos de esos antagonistas se han sentido muy mal al
percibir en mí a un individuo que optó por evaluarse a sí mismo de manera
objetiva, evitar recurrir a la negación; evitó hacer uso de un mecanismo de
defensa psicológico: racionalización, que conduce a algo terriblemente dañino
refugiarse en la fantasía; hacer tal cosa conduce a la autoinmolación, a
arruinarse a sí mismo, sin esperanzas de recuperación.
Al hacer tal cosa, —evaluarme de una manera objetiva—
mirarme al espejo y percibir mis debilidades, tanto físicas como mentales,
sentí la necesidad imperiosa y la motivación para esforzarme y superar esas
deficiencias. Empecé a convertirme en un deportista en mi adolescencia
—adoptando al mismo tiempo buenos hábitos en nutrición y todo lo que tiene que
ver con salud orgánica— y años más tarde, me convertí en un autodidacta para
aprender aquello que me resultaba difícil y muy difícil.
También me esforcé en aquello para lo que estaba bien
dotado, principalmente en estudiar una segunda lengua, el inglés, también como
autodidacta a partir de que alcancé un nivel intermedio. Esto es algo que no ha
concluido, debo estudiar la gramática a fondo, para poder escribir
correctamente, y parte de ese estudio autodidacta consiste en escuchar
audio-libros, por eso he leído y escuchado esa maravillosa obra, legado de
Harper Lee, Matar un Cenzontle (esa
sería la traducción correcta del título).
Mis antagonistas (o muchos de ellos), evitaron
fortalecerse y así cultivaron la debilidad, incrementaron su fragilidad en la
mayor medida posible y al hacer tal cosa volvieron autosuficientes; ellos no
necesitaron que nadie les hiciera daño, se convirtieron en sus peores enemigos.
Yo no voy a permitir a nadie que arruine mi vida, si yo me la puedo
arruinar; si no puedo, le permitiré a alguien que me eche la mano.
Por eso me detestaban o me odiaban. Me percaté de eso
recientemente, al toparme en YouTube con videos que exponen las teorías de Carl
Gustav Jung.
Ahora debo hacerme de un recurso para manejar este
síntoma tan problemático, que me afecta la mayor parte del tiempo:
sobre-pensar, recuerdos de malas vivencias de diferentes épocas de mi vida,
frustración, furia, necesidad de cobrar venganza, etc.
En la siguiente entrada mencionaré una idea, que
podría funcionar; escuchar mi voz, mi discurso, al referirme a esos
antagonistas que me violentaron sin que yo les diera el menor motivo, etc.
Si consigo eliminar ese síntoma, mi psiquis quedará
limpia, desintoxicada y eso liberará mi creatividad. No pierdo nada con
intentarlo.


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