Antier, sábado 18 de julio bajé de una red social
cinco capítulos más (antes había bajado los primeros siete capítulos) del
audiolibro de To Kill a Mockingbird, obra maestra de la literatura estadounidense,
de la autoría de Harper Lee, en el idioma original, inglés. La portada de la
copia que tengo de ese libro, To Kill a Mockingbird, Harper Lee, presenta la
imagen de una niña de rostro bellísimo. ¿Por qué sentí que debía volver a leer
esa obra?
Atticus Finch, padre de Jem y Scout, es un hombre
excepcional, la clase de progenitor que millones de personas hubieran querido
tener. Contrasta con el padre que yo tuve, ultra depravado, que con
participación de muchísimas personas casi consiguió arruinar mi vida.
Arthur Radley es un enfermo mental, vive en un
aislamiento casi total y sin trabajar. Así viví yo durante muchos años; de
hecho, la mayor parte de mi vida.
Tom Robinson es un hombre excelente. Hizo algo
ejemplar, ayudar a una mujer que vivía en la miseria, huérfana de madre, hija
de un alcohólico que la arruinaba junto a sus otros seis hijos. Mayella Ewell,
mujer joven de raza blanca acusa a Tom Robinson, un hombre de raza negra que le
ayudó —la única persona que en sus 19 años de vida había mostrado una buena
actitud hacia ella— de haberla violado.
A Atticus Finch, —abogado de profesión, empleado de
gobierno de esa pequeña población que habitaba, Maycomb, Alabama— se le asigna
la tarea de defender a Tom, algo que él no puede (ni tampoco desea) evitar
hacer, pese a que eso da lugar a que un buen número de habitantes de esa
población muestren hostilidad y agresividad hacia él y hacia sus hijos, Jem y
Scout, porque les parece inconcebible que defienda a un criminal que violó a
una mujer; que la víctima sea de raza
blanca y el agresor de raza negra, eleva sin medida la furia de los habitantes
de Maycomb.
Al defender a Tom, Atticus demuestra —sin el menor
lugar para la duda razonable— que Tom no hizo ningún daño a Mayella, sino lo
contrario, le ayudó cuando ella se lo pidió y rechazó el pago que ella le
ofreció porque sabía que vivía en la miseria, con seis hermanos menores, víctima
de un padre alcohólico que gastaba lo que el Estado le daba (welfare,
asistencia social) en whisky; su vida era una pesadilla sin esperanzas de que
eso cambiara.
No obstante, un fallo a favor de una persona de raza
negra, y en contra de una persona de raza blanca, resultaba una imposibilidad
durante esa época, la Gran Depresión, década de los años 1930s, antes de la
Segunda Guerra Mundial. Tom Robinson es condenado a muerte, y al intentar
escapar, es acribillado a balazos, dejando una esposa viuda y tres hijos
huérfanos.
¿Paralelismos con mi historia de vida?
Difícilmente.

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