Traducción de una cita de Chomsky @chomsky_quotes sobre Doctrina de Contrainsurgencia Estadounidense y El Salvador
VI. CONCLUSIONES: LAS ILUSIONES Y LAS FRUSTRACIONES ASOCIADAS CON LA CONSTRUCCIÓN
DE UNA NACIÓN
Escribiendo desde El Salvador en octubre de 1988, el
reportero Brook Larmer afirmó que “casi todos aquí, desde los coroneles
conservadores del Ejército hasta los líderes políticos izquierdistas, critican
abiertamente el ‘proyecto’ de Estados Unidos, preguntando con escepticismo si
puede dar lugar a un cambio genuino o a poner fin a la guerra”. Al confrontar
las realidades desafiantes de su misión en El Salvador, Estados Unidos se
encuentra con que los salvadoreños tienen la razón. A pesar de las esperanzas
de una doctrina de conflicto de baja intensidad, diez años de modestos logros y
una gran frustración han revelado los límites del poder estadounidense. Así como
Marlow fue confrontado en El Corazón de
las Tinieblas con la afirmación —absurdamente trágica— de Kurt—, “mediante el sencillo uso nuestra voluntad, ejercemos un poder
que potencializa una virtud que prácticamente no conoce límites”; Estados
Unidos se ha desilusionado con el papel que eligió jugar en El Salvador. La
convicción estadounidense de que es capaz de crear democracia en el extranjero
es una pretensión irreal, como mínimo, en la mayor parte del mundo, la mayor
parte del tiempo. Debido a la suposición bien intencionada, pero errónea, de
que la técnica, la tecnología y los programas por sí mismos podrían
fundamentalmente convertir a una sociedad violenta e injusta en una sociedad
democrática y liberal, los Estados Unidos tal vez no consideraron
suficientemente que el carácter humano, la historia, la cultura y la estructura
social presentan una muy alta resistencia a la influencia extranjera.
El esfuerzo de Estados Unidos para lograr la
democratización ha asumido con demasiada frecuencia que se requiere simplemente
de la imposición de instituciones democráticas. Construir una nación
democrática en El Salvador, sin embargo, requiere alterar fundamentalmente una
cultura mayoritariamente antidemocrática. Mientras 10 años de presión ejercida
por Estados Unidos han conseguido reducir drásticamente el número de homicidios
cometidos por las fuerzas armadas salvadoreñas, por ejemplo, esa presión no ha
alterado la creencia de que los campesinos existen para ser sometidos a abuso
sistemático por quienes ostentan un poder mayor, ni tampoco la actitud de que la
milicia no está sujeta a ninguna ley, excepto la suya. Hasta antes del
involucramiento de Estados Unidos, un pasatiempo favorito de los jóvenes de la oligarquía
era recorrer el campo en automóviles, disparándole a los campesinos. Aunque
esta práctica ha sido suprimida, la actitud que subyace sigue presente; la
aniquilación, la desaparición o el maltrato a campesinos todavía no despierta
la indignación que constituiría una señal de verdadera democratización en El
Salvador. Los consejeros estadounidenses pueden decir a la milicia salvadoreña
que deben aplicar principios revolucionarios a la inversa para ganar apoyo
popular, violando los principios cardinales de Mao. No sienten la necesidad de
pagar por el despojo a los dueños de comercios y vendedores en la vía pública,
por ejemplo, y no temen que sus tácticas de mano dura sean castigadas. Una
década de intervención estadounidense no ha sido capaz de despertar
preocupación donde no ha existido; como una fuente de alto nivel que tomó parte
en los intentos tempranos por reformar a la milicia salvadoreña declaró con enojo,
que ese cuerpo “continúa siendo integrado por un grupo de ladrones de
tendencias homicidas”. Similarmente, mientras que Estados Unidos ha exportado
las herramientas y la capacidad administrativa necesaria para mejorar el estado
de derecho y para someter a los militares al gobierno civil, la sociedad civil
de El Salvador nunca ha valorado estos principios democráticos. Así, no resulta
sorprendente que algunos investigadores, fiscales, soldados y jueces que
enfrentan intimidación y amenazas de muerte se muestren renuentes a arriesgar
sus vidas esforzándose por adoptar ideales ajenos al sistema de gobierno de El
Salvador.




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