He
leído parte de la obra de Erich Fromm, uno de los padres del psicoanálisis, un
genio. Su teoría sobre la destructividad humana plantea que el narcisismo
patológico (individual y de grupo), la necrofilia (amor a la muerte) y los
vínculos incestuosos son los tres componentes que integran lo que él denomina:
el síndrome de decadencia.
A
lo largo de mi vida he percibido esas características en muchas personas, pero
por supuesto, no tenía mucha conciencia de ello. Mi padre era un narcisista
maligno, un psicópata, vivió torturándome (psicológicamente) desde mi más
temprana infancia y hasta el último día de su vida; cuando él murió, yo contaba
con 43 años y siete meses de edad (en diciembre de 2007, hace ya 18 años y
medio). También era profundamente incestuoso, manifestaba que vivía enamorado
de su madre (que murió alrededor de 1950, cuando él contaba con unos 13 años de
edad) y veía a sus tres hijas (mis hermanas) como su harén. Arruinó a la menor
y más tarde la atacó sexualmente. Presentaba también fuertes tendencias
necrófilas, en extremo violento, sádico torturador despiadado y por añadidura
se valía del llanto; marica y presentaba también una homosexualidad latente que
lo aterraba, por eso tuvo tres hijos con una concubina con la que vivió en una
entidad vecina, llevando una doble vida; algo característico de un psicópata.
He
visto muchos otros casos. Mi primera pareja era la menor de nueve hijos, seis
hombres y tres mujeres. Fue maestra normalista porque su madre quiso, igual que
sus ocho hermanos. Su madre monstruo (monstrua, según el lenguaje incluyente,
soberana aberración) no quería que fuera mi pareja y por ello yo no podía
entrar a su casa; cuando la buscaba en su domicilio, tenía que esperar en la
vía pública. La relación duro exactamente siete años, de mayo de 1996 a mayo de
2003; dos años y cuatro meses después de que terminó, un lunes 15 de agosto de
2005, ella se quitó la vida.
Pocos
profesionales de la salud mental, licenciados en psicología (predomina el
género femenino) y médicos psiquiatras, identifican la gravedad de esa
patología, los vínculos incestuosos. Expresiones coloquiales como “no rompe el
cordón umbilical” y “familia muégano”, describen de manera muy acertada esa
grave patología, y sin embargo, casi nadie tiene conciencia de la
destructividad que conlleva.
Esa
dama que me bloqueó hace poco en la red social X (antes Twitter), manifiesta
una cercanía insana con su progenitor, lo ha hecho en numerosas ocasiones, y
(como había señalado antes), parece altamente probable que él revise su
Smartphone, sus contactos, su WhatsApp, correos electrónicos, redes sociales,
etc.
Ocasionalmente
echo un ojo a su TL, no con intención de entrometerme en asuntos que no son de
mi incumbencia, sino simplemente por curiosidad. Llegué estimar a esa mujer, 22
años menor que yo. Había comentado que percibo un nivel intelectual/cultural
poco común, escribe muy bien sin depender del corrector ortográfico (parte de
la porquería que es la Inteligencia Artificial, algo que puede resultar muy dañino),
menciona obras de la literatura, y conocimientos que reflejan una cultura
general muy aceptable.
Recientemente
(tal vez ayer domingo 21 de junio) ella escribió unos tweets que confirman lo
que yo sospechaba. Se refiere a su padre, describiéndolo como un hombre
excepcional, como si ella fuera una niña en el jardín de niños o cursando la
educación primaria, cuando en esta etapa de su vida (40 años de edad), su
convivencia con él debería ser mínima, tal vez nula.
Me
llamó la atención que Chairita mencionó que su padre le enseñó sobre la música
de un grupo originario de Inglaterra, Liverpool, que comenzó a hacerse famoso
al principio de la década de los años 1960s, cerca de un cuarto de siglo antes de que ella naciera.
Hablando
de mí, en 1977, con 13 años de edad, puse en una tornamesa un disco de acetato,
33 rpm, Oldies but Goldies, de ese
grupo, el cuarteto de Liverpool. Me fascinó y con ayuda de mi madre, compré
casi todos sus álbumes, los grabé en audio-cassette y escuché su música durante
no menos de 20 años, tal vez más. Compré también libros que relataban las vidas
de John, George, Paul y Ringo e incluso soñé despierto, imaginando que yo era
compositor e intérprete, un genio como Lennon-McCartney o Harrison.
Pero
a mí nadie me enseñó nada. Yo descubrí ese álbum y ahí comenzó esa historia.
Mi
padre fue un narcisista maligno, incurrió en extremos de depravación y para mi
mala fortuna, mi madre —que fue víctima de violencia intrafamiliar prácticamente
desde que llegó al mundo, (perpetrada por sus padres y una hermana mayor) eso
la llevó a desarrollar un carácter masoquista— hizo equipo con él y juntos,
casi destruyeron mi vida.
Yo
no adolezco de un carácter masoquista. Pronto se cumplirá un año de que mi
madre se fue a una entidad vecina, a casa de una de mis hermanas, cuatro años
menor que yo. Se quedó con ella, poco a poco he conseguido dejar de odiarla y a
ella sí quisiera perdonarla. A mi padre no, ni siquiera lo voy a intentar; mi
objetivo es sentir indiferencia por él.
Volviendo
a esa mujer, Chairita en X (Twitter), en una de las imágenes que ha publicado,
aparece el día de su cumpleaños (creo que es el 12 de abril) sonriendo a la
cámara ante un pastel, con un hombre a sus espaldas (no se ve su rostro), a
todas luces se trata de su padre. El mensaje es claro: esta mujer tiene dueño, no está
disponible.
No
sé si ella vaya a leer este escrito, si sucediera, es prácticamente seguro que
le haría sentir mal, algo inevitable, pero eso podría hacer que cobrara
conciencia de la gravedad del asunto y eso le daría la posibilidad de intentar
resolverlo, antes de que acabe de arruinar su vida.
Una
mujer de 40 años no necesita a ninguno de sus padres prácticamente para nada,
la convivencia debe ser voluntaria, incluso si comparten vivienda. Lo que
Chairita expresa es un indicador de que su salud mental anda de veras muy mal,
como la de tantas personas. Los vínculos incestuosos se dan por todas partes y
muchas personas perciben esa anomalía como algo muy afortunado, expresan ideas
(aberrantes) como: “una familia muy bonita”. Una simbiosis incestuosa no puede
tener nada de bonito, pero vivimos en sociedades enfermas y en la actualidad,
en una decadencia que parecería apocalíptica.
De
momento es todo
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