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Hackbarth
Llevo años advirtiendo acerca del embajador Ron
Johnson y el tipo de cuadro que es. Que él estuviera tramando operativos con
Maru Campos, lamentablemente, está muy en su línea. Y sí, sería un motivo de
expulsión.
El embajador designado, Ron Johnson “dirigió
operaciones de combate en El Salvador...durante la guerra civil de la década de
1980”. Esto es lo que hacían los escuadrones de la muerte que él
"asesoraba".
Las verdaderas técnicas de contrainsurgencia, dice
John Waghelstein, el oficial del ejército que lideró al equipo de asesores
militar en El Salvador, representan un paso hacia lo primitivo, una descripción
precisa de la jornada que tomó lugar en Centroamérica durante la década de los
años 1980s.
Pese a haber sido equipados con el armamento más
sofisticado, los aliados de EEUU en El Salvador y Guatemala prefirieron
realizar sus homicidios con habilidad artesanal. Los cuerpos de sus víctimas
aparecían regularmente, a temprana hora, en las calles de las ciudades,
presentando las marcas de cortes, amputaciones y quemaduras hechos sin prisas
cuando la víctima todavía respiraba. Independientemente de la satisfacción
patológica que conllevara esa crueldad de tiempos lejanos, tenía también como
intención evitar dejar balas que pudieran que al ser rastreadas, delataran a
los militares.
En el campo, destacamentos del ejército masacraron a
comunidades de campesinos con una furia aún más primitiva, pero de exactitud
similar. En diciembre de 1981, el Batallón Atlácatl, entrenado por EEUU,
comenzó su ejecución sistemática de más de 750 civiles en la villa salvadoreña
de El Mozote, que incluyó a cientos de niños menores de 12 años de edad. Los
soldados realizaron su labor a conciencia y solamente una persona sobrevivió.
Al principio, apuñalaban y decapitaban a sus víctimas,
pero empezaron a usar ametralladoras cuando propinar estocadas resultó una
tarea agotadora. Una década más tarde, un equipo de excavación que hurgaba en
las fosas comunes, encontró cientos de balas con marcas que indicaban que las
municiones habían sido fabricadas en Lake City, Missouri, para el gobierno de
los Estados Unidos.
Entre 1981 y 1983, en Guatemala, el ejército ejecutó a
unos 100 mil campesinos mayas, cuya mala fortuna provino de habitar una región
identificada como el semillero de una insurgencia izquierdista. En algunos
pueblos, las tropas asesinaban niños golpeándolos con piedras, o arrojándolos a
ríos con sus padres presenciando sus homicidios.
Adiós, niño.
Adiós, niño, dijo un soldado, antes de arrojar al
infante al agua para que muriera ahogado. Sacaban las entrañas, cercenaban los
genitales, brazos y piernas, de sus víctimas, cometían violaciones masivas y
las quemaban vivas.
De acuerdo con testigos que sobrevivieron a una
masacre, los soldados sujetaban a mujeres embarazadas, cortaban sus vientres y extraían
los fetos.






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