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Teorías de la Personalidad, Duane Schultz. Erich Fromm, necesidades humanas

 


Como organismos vivos, las personas tienen necesidades fisiológicas básicas que deben ser satisfechas para asegurar la supervivencia. Estas necesidades—por ejemplo, de alimento, agua y sexo—no son diferentes en nosotros de las de otros animales en términos de su naturaleza y origen, Sin embargo, diferimos de los animales inferiores en dos aspectos. En el primer caso, nosotros no satisfacemos estas necesidades de una manera “instintiva” esto es, siguiendo patrones rígidos de comportamiento. Nuestro comportamiento es infinitamente variado y flexible, puesto que es aprendido por cada individuo en su ambiente único. La otra diferencia es que somos motivados por un segundo conjunto de necesidades—de naturaleza psicológica—que son creadas socialmente y varían en gran medida de un individuo a otro.

Sin embargo, Fromm sintió que el instinto de búsqueda de la seguridad (escapar a la soledad) y el instinto conflictivo de libertad (crear el yo) son universales. La elección entre regresión hacia la seguridad por una parte y el progreso hacia la libertad, por otra, es ineludible. Todas las aspiraciones humanas están determinadas por esta polaridad. Fromm postuló la existencia de cinco necesidades que resultan de esta dicotomía: necesidad de relación, de trascendencia, de enraizamiento, de identidad, y de marco de referencia.

La necesidad de relación surge de la ruptura de nuestros vínculos primarios con la naturaleza. En virtud de los poderes de la razón y la imaginación, el individuo tiene conciencia de su separación de la naturaleza, su impotencia, y la naturaleza arbitraria del nacimiento y de la muerte. Porque hemos perdido nuestra relación instintiva con la naturaleza, debemos usar la razón y la imaginación para crear una nueva forma de relación con otros seres humanos. La manera ideal de lograr esta forma de relación es mediante lo que Fromm llama amor productivo, que incluye el cuidado, la responsabilidad, el respeto, y el conocimiento. Al amar, una persona se compenetra con el crecimiento y la felicidad del otro, responde a sus necesidades, y respeta y conoce al ser amado como lo que realmente es.

El amor productivo puede ser dirigido hacia el mismo sexo (amor fraterno), hacia la fusión y la unidad con un miembro del sexo opuesto (amor erótico), o hacia un hijo (amor materno). En las tres formas, el mayor interés es el desarrollo y el crecimiento del yo de la otra persona.

La trascendencia se refiere a la necesidad de superar el estado animal-pasivo, que no puede satisfacer al ser humano porque este cuenta con razón e imaginación. Las personas deben convertirse en individuos creativos y productivos. En el acto de creación, ya sea de vida (como tener hijos), u objetos materiales, de arte, o de ideas, el ser humano supera el estado animal e ingresa en un estado caracterizado por libertad y propósito. Fromm indica también de manera muy clara que, si la necesidad creativa es obstruida por cualquier razón, la persona se vuelve destructiva; que esa es la única alternativa a la creatividad. La destructividad, como la creatividad, está en nuestra naturaleza. Ambas tendencias satisfacen la necesidad de trascendencia. La creatividad, sin embargo, es la tendencia primaria.

La necesidad humana de enraizamiento surge también de la pérdida de nuestros vínculos primarios con la naturaleza. Como resultado de esa pérdida, permanecemos apartados y en soledad; debemos establecer nuevas raíces en nuestra relación con otros para reemplazar nuestras previas raíces con la naturaleza. Los sentimientos de hermandad con otros, de acuerdo con Fromm, son la clase de nuevas raíces más satisfactorias que podemos desarrollar.

Adicionalmente a las necesidades de enraizamiento y relación, para un sentido de pertenencia, las personas necesitan un sentido de identidad como individuos únicos. Existen varias formas de lograr este sentido de identidad. Por ejemplo, una persona productiva y creativa podría desarrollar sus talentos y habilidades al máximo, o podría identificarse con un grupo—una religión, una unión, o una nación—tal vez hasta el punto de conformidad.

La necesidad de un marco de referencia surge de nuestros poderes de razón e imaginación, que requieren un marco de referencia para que cobren sentido entre los fenómenos desafiantes a que estamos expuestos. Debemos desarrollar una imagen consistente y coherente del mundo mediante la cual seamos capaces de percibir y comprender lo que sucede a nuestro alrededor. Este marco de referencia podría estar basado en consideraciones racionales o irracionales (o una combinación de ambas). Lo importante es la consistencia y coherencia con que es mantenido.

La manera como son manifestadas o satisfechas estas cinco necesidades depende de condiciones sociales y oportunidades brindadas por la cultura. Así, el modo como una persona lidia o se ajusta con su sociedad es una especie de negociación que el individuo efectúa entre estas necesidades y las condiciones sociales en que vive. Como resultado de este ajuste (o serie de ajustes), la persona desarrolla su estructura de personalidad—a la que Fromm llamó orientaciones o rasgos de carácter.


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