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Teorías de la Personalidad, Duane Schultz. Erich Fromm, la condición básica del ser humano

 


El título del primer libro de Erich Fromm, El Miedo a la Libertad, nos da una indicación sobre su visión de la condición básica del ser humano. En la historia de la civilización occidental, Fromm cree, que conforme se ha incrementado la libertad de las personas, se han intensificado los sentimientos de soledad e insignificancia y la alienación entre ellas. A la inversa, entre menos libertad han tenido, mayores han sido sus sentimientos de pertenencia y seguridad. Así, la libertad parecería ser la antítesis de nuestras necesidades de seguridad e identificación. Fromm afirma que las personas en la era moderna, contando con una mayor libertad de la que prevaleció en cualquier otra época de la historia, siente mayor soledad, alienación e insignificancia que las poblaciones de épocas pasadas.

Para entender a fondo lo que Fromm intenta decir con esta paradoja aparente, debemos examinar brevemente la interpretación de Fromm de la historia de la civilización occidental. Él empieza el análisis de nuestra evolución con los animales inferiores y señalando la distinción básica entre la naturaleza animal y la naturaleza humana: las personas estamos libres de los mecanismos biológicos instintivos que guían todos los movimientos de los animales. Entre más abajo está un animal en la escala filogenética, más firmemente se encuentra fijado el patrón y la forma de su comportamiento. Entre más alto sea el nivel del animal, más flexibles son sus comportamientos. Los seres humanos, hallándonos en el nivel más alto, contamos con la mayor flexibilidad que existe. Nuestras acciones son las menos eslabonadas a los mecanismos instintivos.

Pero hay más en nosotros que la mayor flexibilidad del comportamiento. Nosotros sabemos, somos conscientes y nos percibimos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Mediante el aprendizaje, acumulamos conocimiento del pasado. Usando la imaginación podemos ir más allá del presente. Porque sabemos, porque dominamos a la naturaleza, ya no somos uno con ella, como lo son los animales inferiores. Fromm afirma que hemos trascendido a la naturaleza. Como resultado, pese a que todavía somos parte de la naturaleza, porque estamos sometidos a sus leyes físicas (y no nos es posible alterarlas), nos encontramos separados de la naturaleza—y en consecuencia, carentes de una morada.

A diferencia de otros animales, los seres humanos tenemos conciencia de nuestra impotencia y finalmente, sabemos que vamos a morir. Y sabemos también lo diferentes que somos de otros animales. Siendo evaluado de una manera, este conocimiento de hallarnos separados y apartados del resto de la naturaleza constituye una especie de libertad. Nuestra mente nos proporciona elección infinita, pero al contemplarlo de otra manera, esta separatividad conlleva alienación del resto de la naturaleza. Los seres humanos no podemos revertirnos al estatus animal; no podemos liberarnos del conocimiento, de nuestra mente. ¿Entonces, qué podemos hacer? ¿Cómo podemos escapar a los sentimientos de aislamiento y apartamiento?

Fromm afirmó que las personas de las etapas tempranas de la historia intentaron escapar a su estado de enajenación de la naturaleza identificándose totalmente con sus tribus o clanes. Al compartir mitos, religiones y ritos tribales y costumbres, obtuvieron la seguridad que brinda pertenecer a un grupo. La pertenencia en el grupo proporcionó aceptación, afiliación y un conjunto de reglas a seguir. Las religiones que desarrollaron pueblos tempranos ayudaron, en cierta medida, a reestablecer su vínculo con la naturaleza. El centro de adoración eran objetos de la naturaleza: el sol, la luna, fuego, animales, y plantas.

Pero esta tenue seguridad no podía durar mucho. El ser humano es una criatura que se esfuerza, se desarrolla y crece, y pueblos post-primitivos se rebelaron contra esta sub-servidumbre al grupo. Es un hecho, que cada periodo de la historia, de acuerdo con Fromm, ha sido caracterizado por un incremento de la individualidad (un proceso que Fromm llamó individuación) conforme las personas se han esforzado para conseguir una independencia cada vez mayor y libertad para crecer, para desarrollarse y para usar todas las capacidades exclusivas del ser humano. El proceso de individuación alcanzó su pico en algún momento entre el periodo de la Reforma y la época actual–un tiempo durante el cual una gran alienación y soledad han alcanzado un nivel idéntico al del alto grado de libertad. (En realidad, debemos decir que han sido provocados por ese alto grado de libertad).

Fromm designó a la Edad Media como la última época de estabilidad, seguridad y pertenencia. Fue un periodo de tiempo caracterizado por poca libertad individual, puesto que puesto que el sistema feudal definió de manera rígida el lugar de cada persona en la sociedad. El individuo permanecía en el papel y el estatus en el que había nacido; no había movilidad social o geográfica. El individuo contaba con poca posibilidad para elegir su ocupación, costumbres sociales, hábitos de vestimenta, y todo lo que tenía relación con eso. Todo estaba determinado por la clase en la que uno había nacido y las reglas rígidas de la Iglesia Católica.

Sin embargo, aunque las personas definitivamente no eran libres, no se hallaban aisladas, ni alineadas de los demás. La rígida estructura social determinaba que el lugar del individuo en la sociedad estaba claramente delimitado. No había duda o indecisión respecto a dónde o a quién pertenecía cada individuo.

Fromm argumenta que los levantamientos sociales a que dieron lugar el Renacimiento y la Reforma Protestante destruyeron esta estabilidad y seguridad al incrementar en gran medida la libertad de las personas. La gente comenzó a contar con una libertad mucho mayor sobre sus propias vidas. Por supuesto, las personas consiguieron esta mayor libertad pagando el costo que implicaba la desaparición de los vínculos que le habían proporcionado seguridad y un sentido de pertenencia. Como resultado, se sintieron agobiadas por dudas sobre el sentido de la vida y por sentimientos de insignificancia personal.

 Fromm caracteriza la creciente libertad de los pueblos de Occidente como libertad de, pero no una libertad para. Nos hemos liberado de las condiciones de esclavitud y de servidumbre, pero, debido al incremento de la inseguridad y la alineación, no contamos con la libertad para el desarrollo de nuestras potencialidades y el disfrute de esta nueva libertad. Fromm ha sido especialmente crítico de la cultura estadounidense de “mercado”, en el cual nos hemos liberado de muchas restricciones, pero no contamos con la libertad para desarrollar la esencia completa de nuestro yo. Nos encontramos en un singular dilema. ¿Cómo podemos escapar del sentido de soledad e insignificancia? ¿Cómo podemos escapar de la libertad?


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